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LA APUESTA DE TRUMP

En 15 días, Donald Trump ha colocado sus fichas en el tablero del gran casino del mundo. Y ha apostado contra él. Al menos, contra el mundo tal como lo conocíamos últimamente: interconectado, colaborativo, globalizado. Su apuesta consiste, entre otras cosas, en dar por muerto el euro. En que se rompa Europa. Busca negociar con países pequeños desde una posición de fuerza y con un aliado que volvería a ser el más potente de la zona: la Rusia de Putin. Trump también se escabulle de su responsabilidad frente a las migraciones sociales, fruto de la miseria, las guerras y el capitalismo salvaje del que hace bandera. Un escaqueo de la responsabilidad que hace demasiado tiempo que define al personaje.

Trump es tramposo, y en campaña vendió la idea mágica de crear un muro que iba a pagar México para frenar la inmigración, seguramente porque le habría reportado menos votos decir que lo que iba a hacer es beneficiar a varias constructoras privadas con un muro innecesario. De modo que si aplica una política de aranceles a los productos foráneos, ese dinero, más que ir a los estadounidenses para una mejor sanidad o educación, acabará en los bolsillos de algunos millonarios. Trump conoce el negocio y sus márgenes y apuesta por hacer de su país un sistema cerrado. Es evidente que EEUU es prácticamente un continente, y Trump cree que ha llegado el momento de vivir en él sin dejar que el resto del mundo entre en Disneylandia. Con el fracking (más negocio para algunos amigos), incluso energéticamente no necesitará importar nada, con lo que su apuesta es la del ya os apañaréis.

UN DESAFÍO PARA EUROPA

Y si solo fuera eso, en Europa casi nos podríamos dar por satisfechos. Sí, se acabaron las ayudas y el talante de Obama, pero nos haríamos adultos de golpe, asumiríamos nuestros deberes y ante el desafío de Trump la respuesta podría ser la unión decidida y el trabajo común. Además, hasta podríamos encontrar nuevos buenos aliados, como México o China. El problema se agrava si reparas en quiénes son los principales benefactores de Trump, que al final casi siempre acaban siendo los principales beneficiados. Del sector energético y el de la construcción ya hemos hablado… pero ¿qué decir del armamentista? Para que la apuesta de Trump funcione de manera óptima, lo que no debe ocurrir es que todos los que detesta y denigra se alíen contra él. Divide y vencerás. Y en estos 15 días ya ha tenido tiempo de poner a Irán en el punto de mira y agitar el avispero palestino, dándole a Israel una de cal y otra de arena. Pues bien, los europeos, aparte de nuestros problemas económicos y políticos, estamos ante este percal sin una estrategia militar sólida. O sea, que aparte de hacer chistes y burlas sobre el sujeto en cuestión, pongámonos a trabajar a toda prisa en los múltiples frentes que tenemos abiertos, o con su apuesta perderemos nuestro nosotros.

 

(artículo publicado en El Periódico el dà 07/02/17)



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