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DE CHISTE

El filósofo de moda, el esloveno Slavoj Zizek, habla del populismo. Lo define como un fenómeno arraigado en un rechazo, «incluso en una admisión implícita de impotencia». Además lo ilustra con el chiste del tipo que busca sus llaves bajo la luz de una farola pese a que sabe que las perdió en un rincón mucho más oscuro, ya que allí la visibilidad es mejor. Es como si tanto los que lo proponen como los que se apuntan supieran que lo que proponen no va a ningún sitio o no va a arreglar el problema que denuncian.

Admisión de impotencia implícita dice Zizek. Y lo mejor del caso es que pese a eso, el populismo avanza. Y los que lo comandan van locos para hacerse con… el poder. ¿De lo que se trata, una vez más es de asaltar la tienda y arramblar con lo que quede de ella?¿Servirse en vez de servir? A otro, por menos ya lo habrían crucificado, pero lo bueno de Zizek, es que es crítico con la izquierda, detestando la derecha, con lo que los instigadores del pensamiento único aún no le han puesto en la diana.

Y eso que también aprovecha la ocurrencia, «mi novia nunca me da plantón, porque en el momento en que me da plantón, ya no es mi novia», para aplicar un paralelismo con algunos comportamientos políticos que seguro que sonarán familiares: «El pueblo siempre apoya al partido, porque cualquiera que forme parte del pueblo y se oponga al partido queda automáticamente excluido del pueblo». Y ahora piensen en EEUU, o en Europa, o en España, o en Catalunya, o en los debates que nos brindan algunos autoencumbrados periodistas. ¿Ven populismo por algún lado? Si Zizek está en lo cierto, y creen que hay populismo en algunos de los lugares citados, ¿qué conclusiones podemos sacar?

 

LA PÉRDIDA DEL CONTROL

Les contaré las mías. Si la política ya no puede ser solución, «admitiendo implícitamente su impotencia», es que el poder ya no se ostenta a través de la democracia ni desde los organismos y edificios que enseñan los telediarios. ¿Cómo pudimos perder el control? ¿De la economía, de la energía, de lo básico que deberíamos tener aún bajo nuestro voto? Hoy hablamos de paliar la pobreza energética, pagando a las compañías privadas, cuando hasta el 2007 éramos aún soberanos. Nosotros controlábamos el precio de producción (bajo) desde el Gobierno.

Si hoy el poder es privado y se gestiona en los consejos de administración, ¿para qué seguimos pagando tanto intermediario político que ni destaca por su formación ni por sus resultados? ¿No será que hemos pasado de ser ciudadanos soberanos a ser prisioneros de unos tecnócratas que nos exprimen lo que pueden, sin mejorar nuestro destino, sino básicamente para mantener su posición? Tal vez sea mejor no hacerse tantas preguntas o apoyarse en los chistes como hace Zizek. Lo malo, es que no hacen ni puñetera gracia.



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